Arrancarse los vellos de la nariz puede parecer un simple acto de higiene o estética, pero especialistas advierten que no es una práctica recomendable. Estos pequeños vellos, conocidos como vibrisas, cumplen una función clave: actúan como filtro natural que bloquea polvo, bacterias y otros patógenos antes de que ingresen al sistema respiratorio.
El problema surge cuando se arrancan desde la raíz. Este acto provoca un microtrauma en el folículo piloso, dejando una pequeña herida abierta dentro de la nariz. En esa zona habitan bacterias como el Staphylococcus aureus, que pueden aprovechar la lesión para causar infecciones como foliculitis o forúnculos nasales.
Además, la parte central del rostro —desde el puente de la nariz hasta las comisuras de los labios— es conocida médicamente como el “triángulo nasolabial”. Las venas de esta región tienen conexiones con estructuras intracraneales, lo que en casos muy poco frecuentes puede permitir que una infección severa avance hacia el interior del cráneo, provocando complicaciones graves como trombosis del seno cavernoso.
Aunque estos escenarios son raros, el riesgo aumenta si la persona manipula la zona con manos sucias o insiste en arrancar los vellos de forma repetida.
Los especialistas recomiendan una alternativa simple y segura: recortar los vellos con tijeras de punta redondeada o utilizar dispositivos eléctricos diseñados para ese fin, evitando siempre retirarlos desde la raíz.
En caso de presentar dolor intenso, hinchazón, enrojecimiento o fiebre tras la depilación, se aconseja acudir a un profesional de salud para una evaluación oportuna.
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